¿Qué puede enseñarte sobre emprendimiento una atleta olímpica de 23 años que se lanza por una montaña haciendo trucos en el aire?
Mucho más de lo que parece.
Eileen Gu es una atleta de freeski nacida en San Francisco que compite por China y que, a sus 23 años, ya se ha convertido en la esquiadora de estilo libre más condecorada en la historia de los Juegos Olímpicos. En Beijing 2022 ganó dos medallas de oro y una de plata; cuatro años después, en Milano Cortina 2026, volvió a subir al podio en las tres disciplinas en las que compitió: oro en halfpipe y plata en big air y slopestyle.
Pero no fueron solamente sus medallas las que llamaron mi atención.
Fueron algunas de las ideas que ha compartido sobre confianza, preparación, identidad, disciplina, aprendizaje y éxito.
Porque aunque Gu habla desde el deporte de alto rendimiento, muchas de esas ideas tienen una traducción sorprendentemente práctica para quienes estamos construyendo un negocio.
Emprender también significa intentar cosas que nunca hemos hecho.
Tomar decisiones sin conocer el resultado.
Practicar antes de sentirnos completamente preparados.
Equivocarnos.
Volver a intentarlo.
Y, quizás lo más importante, convertirnos poco a poco en la persona capaz de manejar el negocio que queremos construir.
Estas son ocho lecciones de Eileen Gu que podemos llevar del deporte al emprendimiento.
Leer más: Neuroplasticidad y emprendimiento: 8 lecciones de la atleta olímpica Eileen Gu1. No eres una identidad fija: practicas en quién te estás convirtiendo
Gu ha hablado públicamente sobre neuroplasticidad y sobre analizar sus propios pensamientos casi como si estuviera estudiando su desempeño deportivo.
La idea de fondo es poderosa: no tenemos que relacionarnos con nuestra identidad como algo completamente terminado.
Y esto importa muchísimo cuando estás comenzando a emprender.
Tal vez todavía no te sientes empresario.
Tal vez nunca has vendido.
Nunca has presentado una propuesta.
Nunca has negociado un contrato.
Nunca has creado contenido.
Nunca has dirigido un equipo.
Y puedes interpretar esa falta de experiencia como evidencia de que:
“Yo no soy bueno para esto.”
Pero existe otra posibilidad:
Todavía no lo has practicado suficiente.
La identidad emprendedora no aparece mágicamente después de registrar una empresa o alcanzar cierta cantidad de ventas.
Se va desarrollando mientras haces las cosas que requiere emprender.
Cada vez que llamas a un cliente potencial, practicas vender.
Cada vez que revisas tus números, practicas administrar.
Cada vez que presentas una propuesta, practicas negociar.
Cada vez que tomas una decisión incómoda sin esperar que alguien te diga qué hacer, practicas dirigir.
No esperes sentirte emprendedor para comenzar a actuar como uno.
Llévalo a tu negocio
Completa esta frase:
“El emprendedor que quiero ser hace __________ consistentemente.”
Ahora escoge una acción que puedas practicar esta semana.
No diez.
Una.
Tu nueva identidad comienza a construirse cuando tus acciones empiezan a parecerse a ella.
2. No necesitas sufrir para merecer tus resultados
Hay una idea de Eileen Gu que me parece particularmente necesaria para los emprendedores:
hemos glorificado demasiado el sacrificio.
Gu ha cuestionado esa asociación automática entre sufrir más y obtener mejores resultados: si existe una manera más sencilla y efectiva de hacer algo, no ganas un premio adicional por escoger deliberadamente el camino más doloroso.
En emprendimiento hacemos esto constantemente.
Trabajar hasta las 2:00 a. m.
Hacer absolutamente todo nosotros.
Contestar mensajes durante el fin de semana.
Crear manualmente algo que podríamos automatizar.
Mantener un servicio complicado porque “siempre lo hemos hecho así”.
Y hasta sentir cierta culpa cuando el negocio comienza a funcionar sin requerir una emergencia diaria.
Pero estar agotado no es un KPI.
La pregunta no debería ser:
¿Cuánto estoy sacrificando por mi negocio?
Sino:
¿Esta es realmente la mejor manera de conseguir el resultado?
Llévalo a tu negocio
Busca algo que actualmente te esté consumiendo demasiado tiempo.
Por ejemplo:
Si tardas tres horas preparando cada propuesta, crea una plantilla.
Si respondes las mismas diez preguntas todas las semanas, crea un FAQ.
Si coordinas citas manualmente, utiliza un sistema de reservaciones.
Si produces cada servicio desde cero, identifica qué partes puedes estandarizar.
Si haces una tarea que otra persona podría hacer igual o mejor, evalúa delegarla.
Emprender requiere esfuerzo. No requiere convertir tu vida en una emergencia permanente.
3. La confianza se construye con evidencia, no solamente con afirmaciones
Esta probablemente sea mi favorita.
Eileen Gu lo resume con una expresión:
Evidence over affirmation.
Evidencia antes que afirmación.
Su planteamiento desde el deporte es sencillo: antes de una competencia no necesita convencerte mágicamente de que puedes manejar la presión. La confianza se construye recordando todas las veces que entrenaste, practicaste y cumpliste con tu preparación.
En sus palabras sobre el deporte, esa confianza se va construyendo todos los días.
En emprendimiento ocurre algo parecido.
Puedes repetirte:
“Soy excelente vendiendo.”
Pero existe algo todavía más poderoso:
Haber tenido 25 conversaciones de ventas.
Puedes decir:
“Confío en mi idea.”
Pero existe algo más poderoso:
Haber hablado con 15 clientes potenciales que te dijeron que tienen ese problema.
Puedes escribir:
“Soy constante.”
Pero existe algo más poderoso:
Mirar tu calendario y encontrar ocho semanas consecutivas en las que cumpliste con lo que dijiste que harías.
La confianza empresarial no siempre aparece antes de actuar.
Muchas veces aparece porque actuaste suficientes veces como para tener evidencia.
Llévalo a tu negocio
Crea una pequeña lista llamada:
Evidencia de que puedo hacerlo.
Anota:
- clientes que has conseguido;
- propuestas que has enviado;
- problemas que has resuelto;
- conversaciones difíciles que has tenido;
- productos que has terminado;
- veces que algo salió mal y encontraste una solución.
Y después pregúntate:
¿Qué evidencia necesito crear ahora?
Si quieres confiar más en tu capacidad de vender, quizás no necesitas otra afirmación.
Necesitas más conversaciones de ventas.
4. Responsabilízate por tu preparación, no por controlar el resultado
Esta puede ahorrarnos muchísimo desgaste como emprendedores.
Un atleta puede entrenar extraordinariamente bien y aun así no controlar completamente el resultado de una competencia.
Un emprendedor tampoco.
Puedes crear una excelente propuesta y no obtener el contrato.
Puedes preparar un lanzamiento y vender menos de lo esperado.
Puedes hacer una presentación extraordinaria y que el cliente escoja otra empresa.
Puedes solicitar financiamiento y recibir un no.
Lo que sí puedes controlar es cómo llegaste a ese momento.
¿Investigaste al cliente?
¿Preparaste una buena propuesta?
¿Practicaste tu presentación?
¿Le diste seguimiento?
¿Conoces tus números?
¿Probaste tu oferta?
¿Hiciste las conversaciones que tenías que hacer?
Llévalo a tu negocio
Antes de tu próxima meta, divide una hoja en dos columnas:
Puedo controlar | No puedo controlar
Por ejemplo:
Puedo controlar cuántas propuestas envío.
No puedo controlar cuántas personas dicen sí.
Puedo controlar hablar con 20 clientes potenciales.
No puedo controlar exactamente cuánto voy a facturar.
Puedo controlar preparar mi presentación.
No puedo controlar qué preguntas hará el cliente.
Trabaja intensamente en la primera columna y deja de construir tu paz alrededor de la segunda.
5. Escucha la crítica sin entregarle tu negocio
Cuando emprendes, todo el mundo tiene una opinión.
Sobre tu idea.
Tu logo.
Tu precio.
Tu Instagram.
El nombre.
Lo que deberías vender.
Lo que jamás funcionará.
Y algunas opiniones contienen información que necesitas escuchar.
Otras no.
Una destreza importante es aprender a distinguirlas.
Eileen Gu ha tenido que manejar críticas y opiniones públicas mientras compite en uno de los escenarios deportivos más visibles del mundo. Una de las lecciones que podemos trasladar al emprendimiento es esta:
recibir información no significa entregarles a otras personas la autoridad sobre quién eres o qué construyes.
Llévalo a tu negocio
La próxima vez que alguien critique tu idea, no preguntes solamente:
“¿Tiene razón?”
Pregunta:
¿Esta persona pertenece al público que quiero servir?
¿Tiene experiencia relevante sobre lo que está opinando?
¿Me está dando información concreta o simplemente una preferencia personal?
¿He escuchado esto repetidamente de clientes reales?
No ignores automáticamente las críticas.
Pero tampoco conviertas cada opinión en una orden.
6. Conserva la mentalidad de principiante aunque tengas éxito
Una de las ideas que Gu ha compartido sobre competir podría resumirse así:
entrena como si nunca hubieras ganado y compite sabiendo todo lo que ya eres capaz de hacer.
Esa combinación es extraordinaria para emprender.
Porque cuando algo comienza a funcionar aparece un riesgo nuevo:
dejar de hacer lo que ayudó a que funcionara.
Dejas de hablar con clientes.
Dejas de revisar números.
Dejas de probar.
Dejas de aprender.
Asumes que conoces tu mercado porque llevas cinco años trabajando en él.
Pero los negocios cambian.
Los clientes cambian.
La tecnología cambia.
La competencia cambia.
Y tú también deberías seguir aprendiendo.
Llévalo a tu negocio
Hazte una pregunta que un principiante haría:
Si estuviera comenzando este negocio hoy, sin asumir que sé cómo debe hacerse, ¿qué haría diferente?
Tal vez descubrirías un nuevo producto.
Un proceso innecesario.
Una tecnología que no estás utilizando.
Un cliente diferente.
Una forma más sencilla de vender.
La experiencia debe darte criterio, no quitarte curiosidad.
7. La constancia no exige perfección
Aquí muchos emprendedores se sabotean.
Diseñan el plan perfecto.
Publicar cinco veces por semana.
Enviar un email semanal.
Hacer seguimiento todos los viernes.
Revisar finanzas todos los lunes.
Contactar cinco prospectos diarios.
Hasta que llega una semana complicada.
No cumplen.
Y una semana imperfecta se convierte en:
“Ya dañé el plan.”
Entonces abandonan completamente.
Pero la constancia real no significa ejecutar perfectamente todas las semanas.
Significa desarrollar la capacidad de regresar.
Si esta semana solamente pudiste hacer tres de las cinco llamadas, hiciste tres.
Si no publicaste tres veces, publica una.
Si perdiste tu rutina durante dos semanas, vuelve hoy.
No tienes que esperar al próximo lunes.
Ni al próximo mes.
Ni al próximo año.
Llévalo a tu negocio
Para cada hábito importante, define dos versiones:
Versión ideal: lo que haces cuando tienes tiempo y capacidad.
Versión mínima: lo que haces cuando la semana se complica.
Por ejemplo:
Ideal: contactar 10 prospectos.
Mínimo: contactar 3.
Ideal: publicar tres contenidos.
Mínimo: publicar uno.
Ideal: revisar todos tus indicadores financieros.
Mínimo: revisar ingresos, gastos y efectivo disponible.
Así, un día difícil deja de convertirse automáticamente en una semana perdida.
Ser constante también significa saber regresar.
8. Tu éxito puede abrir caminos para otras personas
Hay algo más detrás de los resultados de Eileen Gu.
El Comité Olímpico Internacional ha destacado precisamente cómo su presencia y desempeño pueden inspirar a otras niñas y jóvenes a entrar al deporte.
Y aquí existe una lección empresarial que a veces olvidamos:
crecer y contribuir no tienen que ser objetivos opuestos.
Tu negocio puede darte ingresos y resolverle un problema a alguien.
Puedes cobrar bien por tu conocimiento y enseñar a otros.
Puedes construir una empresa rentable y crear empleos.
Puedes alcanzar algo que antes parecía lejano y hacer que otra persona piense:
“Quizás yo también puedo hacerlo.”
No tienes que escoger entre prosperidad e impacto.
Un negocio saludable puede permitirte hacer más de ambos.
Llévalo a tu negocio
Pregúntate:
Si mi negocio crece durante los próximos tres años, ¿quién más podría crecer gracias a eso?
Quizás puedas:
contratar a alguien;
comprarles a otros pequeños negocios;
enseñar lo que has aprendido;
mentorear a alguien que comienza;
crear oportunidades;
o simplemente convertirte en un ejemplo visible de que existe otra manera de construir una carrera.
El éxito no siempre termina contigo.
A veces empieza contigo y continúa en otras personas.
Las 8 lecciones, llevadas a tu próxima semana
No necesitas convertir estas ocho ideas en ocho nuevos hábitos mañana.
Empieza con una.
Si estás paralizado esperando sentirte preparado, crea evidencia.
Si estás agotado, busca una manera más sencilla de hacer algo.
Si tienes miedo de fracasar, separa preparación de resultado.
Si una opinión te está frenando, pregúntate de quién viene.
Si has tenido éxito y te sientes estancado, vuelve a hacer preguntas de principiante.
Si rompiste una rutina, regresa en pequeño.
Si todavía no te ves como la persona capaz de dirigir el negocio que imaginas, comienza a practicar esa identidad.
Porque quizás esa sea la lección empresarial más importante detrás de todas las demás:
No tienes que convertirte primero en esa persona para después comenzar.
Muchas veces te conviertes en ella mientras haces el trabajo.
¿Tienes una idea dando vueltas en tu cabeza? Date con ella.
Puedes leer sobre emprendimiento durante meses.
Puedes guardar Reels.
Escuchar podcasts.
Comprar libretas.
Preguntarle a ChatGPT.
Contarle tu idea a tus amistades.
Y seguir exactamente en el mismo lugar.
En algún momento necesitas sentarte con esa idea y hacer algo con ella.
Para eso creamos Date con Tus Ideas, una sesión colaborativa para emprendedores y personas con una o varias ideas que quieren dejar de darles vueltas en la cabeza y comenzar a trabajar con ellas.
Traes tu idea.
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No necesitas llegar con todo resuelto.
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Porque tu idea no necesita otra semana en tu cabeza.
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